De competencia e incompetentes

De competencia e incompetentes

Por Carmen Berzosa
10/1/2020


Estamos empezando un año nuevo y seguro que muchos están todavía recuperándose de las resacas de las fiestas, las comidas y los dulces, haciendo balance de cómo les ha ido el año pasado y cómo esperan que les vaya este acabado de empezar. Y mientras esto ocupa a la mayoría de los ciudadanos, hay otros que no han podido pararse a pensar nada de esto, porque viven una situación incomprensible.
A veces te encuentras con historias difíciles de contar y en esos casos, siempre me planteo cómo de difícil ha de ser vivirlas, por mucha resignación que una le quiera y tenga que poner.
Esta es la historia que hoy les contamos, una historia que resulta de todo punto incomprensible en pleno siglo XXI, iniciando el año 2020 y en una ciudad como Gandia.
¿Qué opinarían ustedes si, por una avería, se vieran obligados a estar sin salir de casa durante más de dos meses, y además durante estas pasadas fiestas?
Yo, sinceramente, no me lo puedo imaginar. Más de dos meses sin poder salir a la calle y además viviendo con el temor constante de que si ocurre algo, no vas a poder salir y por tanto peligra tu integridad física.
Se trata de una mujer que no ha tenido una vida fácil, con problemas de movilidad reconocidos por la administración y que además ocupa una vivienda, propiedad de la Generalitat en régimen de alquiler social.
El tema del alquiler, el contrato, las condiciones de la vivienda o que la finca no cuente con comunidad de propietarios o administrador, lo vamos a obviar, pero no podemos dejar pasar el hecho de que nuestra protagonista, que necesita de una silla de ruedas para poder desplazarse, se encuentra confinada en el quinto piso que habita porque el ascensor de la finca dejó de funcionar hace más de dos meses.
Ha llamado más de 40 veces a la Consellería, se ha puesto en contacto, telefónico claro, con el Ayuntamiento de Gandia y no ha conseguido obtener una respuesta en todo este tiempo.
Parece que el problema es el de las competencias, o la burocracia. El edificio es de la Generalitat, pero no parece muy claro a quien compete el mantenimiento del mismo. Además, como la avería se produce en el mes de noviembre, no se ha dado con el técnico apropiado para poder repararlo, dado que se han atravesado fechas ?sensibles? con muchas vacaciones de por medio, por lo que los días van pasando y ella sigue sin solución, viviendo de la voluntad caritativa de vecinos y amigos que le compran los productos de necesidad diaria, se los suben a casa y procuran atenderla para que no le falte lo más preciso, ya que ella no puede bajar los cinco pisos que le separan de la autonomía personal.
Se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento de Gandia, pero pese a que existe la voluntad de ayudarla, no pueden solucionarle el problema de la movilidad dado que el edificio es competencia de la Generalitat, todo lo que pueden hacer es intentar mediar para que Generalitat acelere al máximo el procedimiento para reparar el ascensor e intentar encontrar algún tipo de ayuda temporal para las cuestiones más básicas como comprar, ir a la farmacia, etc.
Así las cosas, yo no dejo de preguntarme, ¿quién es el desalmado que ha atendido desde Generalitat la llamada de auxilio de esta mujer que se encuentra prisionera en su domicilio como si hubiera cometido algún delito y cuya única culpa es la de no tener una movilidad completa? Y digo desalmado porque se necesita haber perdido todo rastro de humanidad cuando te cuentan el problema que tiene y lo único que haces es pasar de un departamento a otro, sin importarte el bienestar de la persona y sin empatizar lo más mínimo con alguien que se encuentra indefenso ante la injusticia de topar contra una administración deshumanizada totalmente e incompetente para solucionar algo que hoy en día debiera ser tan sencillo como un ascensor averiado.
Seguramente la avería sea más grave, o la reparación no se pueda hacer de buenas a primeras porque habrá que hacer algún concurso público para adjudicar las obras de reparación a una empresa o cualquier otra triquiñuela burocrática que justifique la tardanza, pero seguro que si alguno de los que ha atendido en las más de 50 llamadas telefónicas que ha hecho a Generalitat se viera confinado en un piso más de dos meses sin poder salir de él, se daría mucha más prisa en buscar una solución definitiva o al menos una alternativa para paliar el problema de nuestra protagonista.
Al final se trata más que de una administración ágil y menos burocrática, unos funcionarios y técnicos más humanos, menos asépticos y más empáticos, que se pongan, al menos de vez en cuando, en la piel de quien tienen enfrente pidiendo ayuda y se planteen cómo sería su vida si estuvieran del otro lado del teléfono. En definitiva, se trata de una administración más competente y con menos incompetentes.


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