De coronavirus y decisiones

De coronavirus y decisiones

Por Carmen Berzosa
13/3/2020

Es el gran desconocido, el coronavirus. Todos hemos oído hablar de él, intentamos protegernos, leemos y sobre todo escuchamos todo lo que se nos dice, sea o no personal entendido y eso contribuye de forma clara a que se produzca una situación de alarma generalizada.


Esta situación de alarma se ha visto amplificada cuando el pasado martes el Consell anuncia la suspensión ?temporal? de las Fallas.
La alarma se genera por el miedo a lo desconocido y sobre todo por la forma en que se toma la medida. Todos estamos de acuerdo que preservar la salud es lo más importante, y en este caso parece que lo primordial es evitar el contagio, ya que aunque parece que la mayoría de las personas afectadas tienen síntomas leves, también lo es que lo alarmante de este virus es la velocidad a la que se contagia hasta el punto que los expertos dicen que en las primeras horas cada infectado viene a contagiar de media a dos personas y media. Lo de media persona es cosa de las estadísticas.
Se pretende no colapsar el sistema sanitario y evitar mayores y más graves consecuencias.
Todo esto es loable y bastante lógico, pero tropieza de frente con varias consideraciones, una de ellas, quizás la más llamativa y reprobable sea la de permitir, alentar y fomentar macromanifestaciones en el fin de semana del 7 y 8 de marzo en ese afán por acaparar y abanderar el sector femenino y feminista y tan solo unas horas después, prohibir la celebración de las fallas para no consentir aglomeraciones de más de 1,000 personas.
Hemos hablado con todos o casi todos los sectores implicados y todos reconocen que lo primero es la salud y su preservación, pero también coinciden todos en que si la medida se hubiera tomado antes, a principios de marzo en lugar de esperar al día 10, la debacle económica sería menor, ya que aunque es cierto que el dinero que se iba a ingresar en general en la Comunitat por la celebración de las Fallas sería el mismo, el gasto generado no lo sería.
No se habría contratado y despedido trabajadores, no se habría contratado servicios que no se pueden realizar ni comprado productos que no se van a poder utilizar.
Ningún fallero ha dicho que la medida no sea adecuada, pero todos, falleros y no falleros coinciden en que no se adoptó de la manera más adecuada.
Se realizan las reuniones a posteriori, se adoptan medidas a salto de mata, no se tiene respuesta para cuestiones básicas sobre la fiesta o sobre las actividades permitidas y no permitidas.
No se entienden muchas cosas, como las críticas a los falleros, hosteleros, floristas, músicos y empresarios que se quejan de lo que las resoluciones tan precipitadas pueden acarrear, sobre todo cuando todos coinciden en que lo primero es la salud.
Esto pasará, seguramente no sin bajas, pero nos permite ver algunos comportamientos y sobre todo valores que quizás ayuden a clarificar algunas cuestiones, como lo que son y significan las fallas, que hasta ahora muchos solo creen que son molestias. Desgraciadamente el impacto económico negativo que esta situación va a dejar va a ser difícil de superar.
Tampoco entiendo el ansia de tantos y tantos descerebrados que se empeñan en hacer circular bulos como los de X infectados en tal o cual ciudad o el que corría como la pólvora al cierre de esta edición de cierre de determinados centros de salud por el dichoso covid19.
Y como guinda del pastel, la cantidad de desalmados que aprovechan la situación para intentar estafar a los más vulnerables, que son los mayores, ideando estafas como la de la revisión médica domiciliaria.
Por intentar acabar en positivo, o al menos de forma risueña, piensen que todo esto pasará y que aunque es cierto que podemos pasar por fases extrañas como el aislamiento o la pérdida de determinadas libertades, como la de movimiento, dado que no hay ni fútbol ni baloncesto, se restringe el cine y actividades musicales, seguro que en unos meses aumentamos el índice de natalidad en España.
Humos que no nos falte


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